Aquest és un article que vaig escriure a principis juliol, en ple debat sobre la dació en pagament, amb intenció de que fos publicat per algún mitjà de premsa escrita. No va poder ser, així que us el deixo per als/les que us pugui interessar
Uno de los debates más recurrentes en los últimos meses es el de la dación en pago, o sea la posibilidad de modificar la ley hipotecaria para que un propietario o propietaria pueda saldar la deuda con la entidad bancaria con la entrega dela vivienda. Estafórmula, habitual en algunos países como Inglaterra o EEUU, sólo es posible en España si así lo acuerdan las partes firmantes del contrato hipotecario. Sin embargo, no es una fórmula habitual porque las entidades bancarias consideran que les perjudica.
La dación en pago no es una reivindicación nueva pero la crisis la ha situado en primera línea. Muchas familias no pueden afrontar los pagos y pierden su vivienda. Y, lamentablemente, no sólo eso. Casi de por vida se ven obligadas a asumir unos pagos de un bien al que se han visto obligadas a renunciar. El sistema aplica su rodillo y no entiende el cambio de contexto. Aplica la norma y aumenta la catástrofe de unas familias que han perdido su vivienda porque la crisis ha aniquilado sus ingresos y son condenadas al ostracismo. Así, no es extraño, que el trabajo de colectivos comola Plataformade Afectados por la Hipoteca reciban apoyos de otros movimientos, como el del 15-M, o centren la atención de los partidos políticos.
En mi opinión, es justo que un ciudadano al que su vivienda se ha devaluado entorno a un 20% -según el INE, TINSA y el BE esta es la reducción del valor las viviendas desde Diciembre de 2007- por la caída del sector pueda saldar la deuda sin más. Sólo con la entrega de las llaves. Además, hay que tener en cuenta que este ciudadano seguramente adquirió el inmueble con una hipoteca basada en una tasación al alza para comprar muebles, cambiarse el coche e irse de vacaciones.
En este punto radica la perversión del sistema. Vivíamos por encima de nuestras posibilidades. La banca lo permitía y lo financiaba. Ha tenido que caernos encima una gravísima crisis internacional para que nos diéramos cuenta que vivíamos en una gran mentira. Tener 3 vehículos, todo tipo de aparatos de última tecnología, cuatro televisiones por hogar e irnos de vacaciones a Nueva York o a Cancún en hoteles de lujo, pagados en cómodos plazos, hizo creer a las familias españolas que estábamos nadando enla abundancia. Lacrisis nos ha enseñado que no, pero nunca se hubiese llegado a este nivel de “ignorancia generalizada” si no fuese por el libertinaje con el que las entidades bancarias concedían los créditos o facilitaban tarjetas sin límite.
La cruda realidad nos ha hecho aprender la lección. Demomento, hemos hecho propósito de enmienda. En este sentido, son positivas las medidas del Gobierno para aumentar el límite a la inembargabilidad del 110% al 150% del salario mínimo interprofesional o la puesta en marcha –espero que sea con celeridad- de la Subcomisión análisis y reforma Sistema Hipotecario Español en el Congreso de los Diputados.
Pero, esto por sí sólo no esla solución. Hemosde ir más allá para solventar los problemas de los miles de personas de buena fe que tienen que renunciar a su primera vivienda por imposibilidad de hacer frente a una deuda que se convierte en un lastre de por vida que nunca les dejará levantar cabeza. Las fuerzas políticas hemos de ser conscientes que estas modificaciones no son suficientes para poner punto y final al problema. No podemos caer en el engaño de haber solucionado uno de los grandes problemas de nuestro sistema actual. El debate de la dación en pago no puede leerse de manera aislada, porque lo que realmente hay que afrontar es el debate sobre el modelo de vivienda que queremos o que necesitamos.
El gran miedo de las entidades financieras a la aplicación de la dación radica en la posibilidad de pérdida de solvencia del sistema. Por eso, su posición se sustenta en aumentar las garantías hipotecarias y los tipos de interés si se llega a generalizar. Con este escenario se define un modelo en el que sólo podrían acceder a una hipoteca –a una vivienda- aquellas personas que presenten los avales y garantías exigidas. El acceso a la propiedad quedaría restringida y expulsaría a los trabajadores de clase media. Exactamente, el panorama de los países que tienen establecida por ley la dación en pago tal y como la definen las entidades financieras.
La Constitución Españolaestablece el derecho a la vivienda como un derecho universal de todo ciudadano o ciudadana y la crisis no puede obligarnos a renunciar a este derecho. No puede obligarnos a abandonar nuestro objetivo de cohesión social. Lo que debemos hacer es replantearnos nuestro modelo de acceso a la vivienda para garantizar el derecho constitucional.
En España, seguramente fruto de una cultura heredada de la post-guerra, hemos equiparado propiedad de vivienda a desarrollo personal. Si no tenías una vivienda en propiedad no eras nadie. Este ha sido nuestro error de base porque ha alentado las ansias de generar beneficios de bancos y cajas a costa de las aspiraciones de todos y cada uno de los ciudadanos. Nuestro primer reto como sociedad es un cambio de chip en el que el progreso personal y social vaya más allá de la propiedad dela vivienda. Poreso, creo que se debe avanzar en el fomento del alquiler. Solo así nos liberaríamos de una obsesión que comporta una dura carga financiera a la ciudadanía y abriríamos el camino de un cambio cultural que facilitaría una mayor movilidad, mayor conocimiento de la realidad de las sociedades que conviven en el Estado, y mayores posibilidades en la formación y en las perspectivas laborales.
¿Que problema hay por no disponer de una escritura de propiedad? ¿Sinceramente somos propietarios de algo o lo son los bancos? La propiedad de la vivienda no es una panacea. La verdadera panacea es que los ciudadanos y las ciudadanas sean los propietarios, de verdad, de sus vidas y sus decisiones.
Judith Alberich Cano
Senadora del PSC
Portavoz de Economía del Grupo Parlamentario Entesa Catalana de Progrés